22 enero 2012

Sobre los héroes

Ando leyendo Héroes, de Paul Johnson. Sus historias me sugieren que, por algún motivo, el ser humano se empecina en destacar de sus iguales. Yo hace años que no quiero ser un héroe, persuadido de que la victoria más excelsa es siempre flor y no abeto. El reconocimiento de hoy, será olvido mañana. Nadie podrá perdurar a través de sus gestos, de forma eterna, en la mente de los hombres.

Cuentan que Aquiles tuvo que escoger entre vivir una vida plena como hombre común o morir en el telar de los héroes, donde se tejen las más bellas historias, para que su nombre fuese cantado por los poetas y recordado a lo largo de centenares de generaciones. Yo te digo, sin embargo, que su gloria fue en vano, que llegará el día en que ningún hombre recuerde sus gestas.

Los héroes lo son siempre en el reconocimiento del otro. Si deseas ser un héroe, que sea ante el hombre que cada día, por las mañanas, te mira fijamente desde el otro lado del espejo. Despójate de todas las medallas y oropeles con que haya sido halagado tu ego. Y, desde la seguridad de que hagas lo que hagas en esta vida serás olvidado, abraza el hecho de que sólo existe el hoy, el ahora, el aquí.Y desde la desnudez más absoluta de tu alma, sé y ama a los seres que tengas cerca como mejor sepas hacerlo.

Olvidate, Aquiles, de ganar el mundo y ganarás la vida.

23 noviembre 2011

Facebook 16


Algún día tendré una chimenea. Hoy por hoy me conformo con la de mis suegros. Me gusta sentarme muy cerca del hogar a escuchar el fuego crepitando entre los leños, mientras las llamas danzan al tempo de cada madera. Me gustan aquellas que se consumen en adagio, lentamente, resistiendo el avance de las llamas. Quienes me conocen saben que no me gusta viajar, aunque en tiempos quise, por puro romanticismo e idiotez juvenil, ser corresponsal de guerra. A día de hoy, lo que me gusta de verdad es pasar allí las horas en silencio, como un idiota.

Me excuso en el estudio de un libro difícil, de un ensayo sesudo, sobre historia griega o cábala, para esconder que me gusta ocupar esa esquina del salón y su mecedora de Ikea. Sólo para contemplar el devenir del fuego, que es un poco de tontos. En el siglo digital, mi caja tonta tiene forma de chimenea. Ni siquiera tiene UHF.

El fuego evoluciona, tiene su argumento. A veces se ahoga en los adentros de la brasa, incapaz de consumirla por completo. Otras, vence y retuerce la madera en la batalla, lanzando los crujientes rescoldos incendiados al aire. Esas chispas, hermosas, tienen una breve existencia, como luciernagas en una noche de verano.

A través de ellas he imaginado muchas veces la existencia de la humanidad entera. Es como una de esas chispas. Siendo generosos, apenas 10.000 de cultura en el océano de 15.000 millones de años que lleva prendiendo esta hoguera, que es el universo. Cada hombre, yo mismo, es apenas una chispa en esa chispa humana.

Nuestro tiempo es tan breve que cuesta imaginar que podamos permitirnos la nostalgia. Y, sin embargo, a partir de los 40, la vida esta llena de magdalenas de Proust. A partir del mediodía de la vida, todos tenemos ya un tiempo perdido. Si no, es que no has vivido. Uno de los míos, de los más intensos, es Diario 16. Llegue a su redacción en el verano de 1994, siendo un pipiolo de pantalón corto. Llevaba un kit de periodista, como los niños llevan la merienda al cole. Sólo me faltaba el lápiz bicolor. Aquel hermoso Titanic navegaba ya inexorable hacia el hundimiento, pero la orquesta sonaba tan hermosa que me quede bailando hasta que nos echaron las señoras de la limpieza, en 2001. Era como uno de esos leños, consumiéndose lentamente.

Hoy por hoy, con cierta perspectiva, me doy cuenta de que en los ocasos, en las batallas perdidas, es cuando cada hombre da lo mejor o lo peor de si mismo. Viví de todo. Pero, sobre todo, aquellas horas están llenas de belleza y heroicidades cotidianas. Cuanta menos empresa había, más y mejor periodismo. ¡Que libres éramos para escribir negro sobre blanco en medo de aquel absoluto naufragio empresarial!

Este mes se cumplían 10 años de la caída definitiva del telón y se me ocurrió crear un grupo en Facebook, una tierra virtual donde unir la diaspora. En apenas tres días, tenía 170 ex 16. Y fotos, cientos de fotos, de rostros y actitudes ante la noticia que no cesa, salvo para la fiesta y la sonrisa. Nos une la nostalgia de un tiempo perdido para todos, que jamás volverá.

Estos días de noviembre he cambiado la chimenea por el Facebook. Estos días es el bullir de aquel espíritu 16 en la red el que me hipnotiza, el que me idiotiza, el que me pone los pelos de punta. Hay fotos que no me dicen nada: yo soy nadie, apenas una chispa en esa leño16. Llegué, como quien dice, en el epílogo. Otras fotos, sin embargo, son mis magdalenas de Proust; mis platos de pisto Ratatoui, para que me entiendan mis hijas. Me sacan de la amnesia higiénica, ganada a pulso en estos años, y me devuelven sensaciones, logros y flaquezas.

Sé que el universo y sus 15.000 millones de años de devenir deben sonreirse de mis nostalgias pasajeras. Sé, incluso, que en la escala de los hombres, nací tarde para vivir los mejores años del guarismo 16. Se que la gesta será olvidada por los hombres, que algún día Diario 16 no significará nada para nadie. Pero yo añoro aquella derrota, aquellos años profesionales, aquellos años de
periodismo cuando Google no existía, aquellos años azules y su final trágico. Y aquella Libertad sin Ira, que podría ser un buen resumen de como ejercer el mejor de los periodismos.

23 junio 2011

Elefante hindú (2007), Miguel Tomás García



El párroco, me pide una crónica del domingo que se marcha... Qué poco sabe, lo difícil se me hace siempre petrificar en el perdurar de las palabras un instante que se escapa entre las manos. Podría describir, de forma ordenada, las piedras vistas en Hita, Jadraque y Brihuega en esta excursión de la Parroquia. Pero no.

El viaje es sólo hoja de ruta cuando aún no ha sido. Luego, se transforma siempre en un mar de sensaciones que se entremezclan en el alma de cada quien, cambiándola. Y por eso, se dice siempre que el que comienza el viaje nunca es el mismo ser que lo acaba.

En el tapiz de mis recuerdos se entremezclan paisajes inhóspitos y abiertos en los que el hombre es siempre pequeño; gentes castellanas, sosegadas, de paso atrás y mirada larga; misa de pueblo, con mujeres siempre en los primeros bancos y hombres que entran tarde hacia los últimos, después de apurar fuera el pitillo; un arcón centenario de tres cerraduras, lleno de secretos; la hermosa historia de un elefante oriental inabarcable, símbolo mayestático de la imposibilidad de pesar o medir el Misterio; compartir, sobre todo el compartir, la generosidad de todos; el sabor intenso de la tortilla de Manuela y el dulzor de la limonada de Raúl; la astilla que llegó, nadie sabe como, hasta el párpado de Pablo; el calor de mis hijas; la impresionante bajada hasta la gruta de la Moreneta; la sensación de privilegio irrepetible de subir hasta cúpulas y campanarios a través de puertas secretas y palomares; descubrir de pronto un salón inesperado en el que Goya y Jovellanos pasaron un verano, pintando sus paredes; el aspecto heavy metal de algunos curas, que es esperanza de amplitud en una Iglesia en la que cabemos todos; la guitarra de Jerónimo, que siempre suena para unirnos; el olor intenso de los árboles en flor al caer la tarde; el sonido fresco del agua manando por los doce caños; el abismo vital que separa mi nevera, de ese bodego horadado en la roca habitado hasta los años 60; la presencia de Dios, por todas partes...

Sobre todo, al morir el domingo, se me quedó clavada el ansia de prolongarlo. En esta tierra, donde todo ocurre despacio, se me hace cansino el fragor de la batalla que me espera, cada día, a 60 kilómetros.

25 mayo 2011

El futuro de todos

Vecinos de Yebes, de este nuevo Yebes, de este amanecer: ¡Hemos hecho Historia! Sin más armas que la voluntad y el talento de muchos, hemos logrado, por fin, llamar la atención de los dos grandes partidos nacionales acerca del tremendo descontento vecinal que reina en los nuevos barrios de Yebes. Creedme si os digo que se emplearán a fondo desde todas las administraciones para acabar con nuestro descontento y barrer de las urnas a 40 compromisos… y será bueno. Porque 40 compromisos nació de nuestro descontento y morirá con él. Porque llegará el día en el que 40 compromisos no reciba ni mi voto, ni el tuyo, ni el de su cabeza de lista, el día en que las opciones naturales sean dignas de gobernarnos.

Esa será nuestra auténtica victoria.

Hoy recuerdo el día en que surgió todo, la idea de una lluvia fina y constante que empapase a los partidos, el plan de publicar cada semana una idea acerca de este nuevo Yebes, la amenaza creíble de presentar una lista que obligase al PP a refundarse en Valdeluz y al PSOE a cambiar de discurso, a dejar de decir que no era la hora de las lanzaderas. Queríamos despertar un partido dormido en el centro del campo. Ese día éramos, sólo, cinco personas. Pronto fuimos más de veinte, trabajando por fijar el contenido de nuestros sueños rotos, de nuestras aspiraciones, desde el realismo mágico de lo posible.

Un año después, éramos cerca de 70. Sin calefacción, en una gélida sala cedida por el Club de Golf, tomamos juntos la decisión de seguir adelante. Recuerdo, aún, las palabras exactas que llamaron al voto: Hemos logrado mucho, la pregunta es si es suficiente... Y da igual lo que hayáis oído, da igual lo que os hayan contado, es aquí y ahora donde vamos a decidir el futuro de 40 compromisos: tarjeta roja, todo termina aquí; tarjeta verde, presentamos una lista política….

Hay algo de poético en que empleásemos tarjetas verdes y rojas para tomar la decisión, como si de una junta de vecinos se tratase. Se impuso el verde de la esperanza. Sin mácula.

Con esa legitimidad, con esa fotografía increíble de la unanimidad más absoluta de cuantos formábamos parte entonces de 40 compromisos, nos dispusimos a ganar las elecciones. Y logramos el respaldo de 254 vecinos. Uno de cada dos votantes de Valdeluz. A medida que transcurren los días, que las emociones se calman, que se abre paso el análisis frio del dato aparece con mayor nitidez el tamaño de la gesta: el apoyo masivo a la candidatura de 40 compromisos nos convierte en la fuerza decisiva de la gobernabilidad de Yebes. Nunca más nadie nos llamará extranjeros ni nos negará nuestro trozo de pan en el reparto.

El hundimiento del PP en Valdeluz, el castigo, es absoluto: han perdido prácticamente la mitad de sus votos frente al resultado obtenido en las autonómicas. Los vecinos del principal núcleo urbano de Yebes, ese en el que ya viven tres de cada cuatro votantes del municipio, han expresado claramente en las urnas que los grandes partidos les han fallado. Valdeluz ha dejado de ser una ciudad fantasma en la política de Guadalajara para siempre.

Todo ese peso, toda esa enorme legitimidad, todas esas esperanzas, todo ese poder recae en los hombros de tres personas con las que he recorrido el camino: Joaquín, Vidal y Ernesto. Suya es la tarea de transmutar el poder en cambio y transformación, de conservar en sus actos la pureza inicial de la tarea por hacer, la dirección, el rumbo. Como les he dicho estos días, lo difícil no es entrar en política, es salir indemne. En ellos reside la tarea de hacer cumplir cada uno de los 40 compromisos que trazamos juntos. Una tarea que empieza por formar gobierno, con todas las opciones abiertas. El resto somos ya vecinos, espectadores, jueces de sus actos. Hemos elegido, cobardemente, la barrera del tendido 7. La antorcha es suya.

Buena suerte.