10 diciembre 2006

Pirámide alimenticia (2004), Douglas Schneider

Días después de que el Ministerio de Sanidad anatemizase la publicidad de las hamburguesas XXL por sus 971 calorías, la cadena de comida rápida que las fabrica ha emprendido una guerra de conceptos que sigo con interés casi académico. Mediante un spot políticamente incorrectísimo, ha transformado la ingesta del Doble Wooper en un acto de libertad individual. Los hombres enarbolan la hamburguesa de la rebeldía frente a un sistema que pretende hacer de todo varón un metrosexual.
Ninguna declaración de guerra debería tomarse aparentemente en serio si, como hace el blog promovido por la propia cadena, manthem.com, ahorma su fuerza moral en palabras tan poco inspiradoras como las pronunciadas por Homer Simpson durante su visita al BK de Springfield. (Umm… vamos a ver, doce rebañacarne con salsa, un cubo de requetecortezas y un burrito atragantante con salsa macho todo tamaño doble por favor).
Y, sin embargo, la victoria en una guerra de conceptos tiene que ver, ante todo, con la fuerza de los conceptos que se oponen. El análisis sutil que cabe hacer es qué conceptos se están oponiendo.

En todo esto, reconozcámoslo, hay algo de ese Mundo Feliz de Huxley en el que sentimos un rechazo instintivo hacia los ciudadanos cauterizados de una civilización perfecta, desenfadada, homogénea y saludable que ha logrado erradicar en todo el mundo la guerra, la pobreza, el crimen o, incluso, la infelicidad. Rechazo porque una felicidad así, construida sobre la destrucción de la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión o la filosofía, se nos antoja absurda. La homogeneización del pensamiento y los actos de sus individuos es una tentación eterna del poder. En esos escenarios, inevitable pues la identificación con los salvajes salidos, a mitad del libro de Huxley, de una reserva de indios. Pues, aunque sean infelices y cavernícolas, son libres y dueños de su identidad.

5 comentarios:

Óscar dijo...

Mi querido amigo, la libertad es un bien deseable hasta que se habla de la libertad para morir. No seré yo el que te hable sobre lo criminal que puede ser el colesterol "malo" (el mismo que se me dispara en cuanto me descuído), pero sí te pregunto una cosa:
Si soy libre para elegir "matarme" a hamburguesas, ¿por qué no para practicarme la eutanasia? Un abrazo.

PGR dijo...

Queridísimo Oscar,
Sin duda alguna, mi defensa de la libertad individual plantea preguntas como la que me haces sobre la eutanasia. Pero el debate de fondo no es eutanasia sí, eutanasia no; hamburguesas sí, hamburguesas no...
El debate de fondo es si el Estado está facultado para decidir si puedo o no comerme un cuarto de libra. Pues, incluso dando por bueno el argumento de su insalubridad, es de todos conocido que tirarse en paracaídas supone un riesgo y, a pesar de ello, hay gente que lo corre. Dicho de otro modo, el objetivo de la vida no es la inmortalidad, ni siquiera maximizar el número de años que pasamos vivos, sino mantener un equilibrio razonable entre las sobredosis de endorfinas de las que nos proveemos y nuestra esperanza de vida. ¿Ha valorado el Estado el placer que me pueda provocar la ingesta (reconozco que a mis años esto ya no ocurre en BK) de una hamburguesa como Dios manda, aunque con ello me acorte la vida en diez minutos?
Aceptado el argumento de la salubridad como Valor Supremo (y lo pongo con mayúsculas de militancia, que como toda militancia es acrítica), lo siguiente podría ser legislar acerca de los cortes de pelo por debajo del cinco en invierno, pues generan catarro. Como dice Huxley, en su Prólogo de Un Mundo Feliz, “un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre”.

Óscar dijo...

No pretendía (ni de lejos) rebatir el argumento, considero que el Estado no es nadie para decidir cómo y qué debo comer, como tampoco lo es para decidir cómo y por qué debo morir (ese era el sentido de la pregunta). Sin embargo la eutanasia es ilegal (fundamentalmente por motivos morales).

PGR dijo...

¿Morales?
Yo más bien diría, si estamos hablando de porqué los Estados prohiben la eutanasia o el suicidio, que tiene más que ver con motivos FISCALES. El sistema es el sistema, oiga.

juan luis dijo...

sabes micho pero te falta