21 diciembre 2007

Papelera llena (2007), obra colectiva

Ante este diseño navideño vanguardista, podrías pensar que el artista ha querido atrapar el espíritu laicista de la Navidad moderna, con toda su carga negativa de consumo desaforado e impulsivo. Como el Arte siempre es polisémico, otra retina podría decodificar en clave de alegato por la sostenibilidad del planeta y nuestros bosques.
La génesis del asunto, como siempre ocurre al comparar vida y ficción, es mucho más interesante. La caja era tan desproporcionada respecto al contenido, que venía llena de estraza para que la carga no sufriera. Al tratar de deshacerme del papel, la minúscula papelera azul de la oficina tuvo una indigestión de la que aún no se ha recuperado.
Mi compañera de batallas, Virginia, que observaba divertida, verbalizó lo obvio:
- Pavel, por más que lo intentes, no va a caber.
Su juicio de valor admitía pocas discusiones, lo admito, pero era aquel uno de esos momentos de la vida en los que uno está dispuesto a luchar batallas perdidas porque la dirección es la correcta: ando haciendo acopio de cajas ante la mudanza que tendrá lugar en 2008 y esta no iba a ser una excepción. Luché con valentía y arrojo, asestando feroces zapatazos allí donde rebosaba la celulosa, pero fui vencido finalmente por el agotamiento.
- Lo dejamos así y que se lo lleven los de la limpieza por la tarde,- claudiqué.
- Te ha quedado bonito, parece un árbol,- remató Virginia.
Y ocurrió algo sorprendente. En esta oficina, entre los que la ensuciamos y los que la limpian, hay un código no escrito que permite dejar cualquier objeto del que desees deshacerte encima de la papelera. Y, sin embargo, pese a la claridad de la norma objetiva sancionada mil veces por la costumbre, a la mañana siguiente ahí seguía el papel, salvado de la trituradora por algo tan etéreo, indefinible y subjetivo como la belleza que se había posado en sus pliegues.
En la mañana del milagro, una vecina espontánea de níveo nombre cogió la grapadora y unas cuantas felicitaciones interempresariales de las que cruzan Madrid estos días para rematar la obra. Y la gente de la planta, al doblar la esquina, comenzó a pararse a contemplar el resultado con una sonrisa. Algunos, incluso, se acercaron a colgar sus propios adornos.
Es un bonito cuento de Navidad. Reconocer la belleza, cuando uno se la encuentra en este mundo, y venerarla como corresponde.
Han pasado ya cuatro días y le hemos cogido afecto a la papelera llena. Virginia, antes de encender el ordenador, tiene el gesto femenino de arreglar un poco sus formas, que comienzan a deshacerse. Yo no lo hago. Soy consciente de que es una obra con fecha de caducidad, pero tengo que reconocer que vivo con tristeza que tenga, cada día, peor aspecto. No obstante, a pesar de su decadencia, que es evidente para los que conocimos su esplendor, la noticia aún recorre la empresa y, de cuando en cuando, alguien se acerca por aquí y suelta:
- He venido a ver el árbol.
Virginia y yo empezamos a sentirnos como la Virgen y San José.

14 diciembre 2007

Puerta Entornada (1978), López Obrero

Ayer, a eso de las diez, salí de casa a uno de esos recados fugaces que permiten llamar a la puerta del vecino en calcetines dejando la puerta de casa entornada. Dos horas y tres cuartos de botella de Rioja después, habíamos diseccionado la polisemia de la palabra Amor, que tantos quebraderos de cabeza provoca.
A vuela pluma, en cumplimiento de promesa etílica, esbozo las conclusiones de la cumbre filosófica celebrada en el tercer piso: el Amor es una línea que une dos puntos. Hay, usando terminología de la DGT, una dirección única pero dos sentidos posibles: hay amor-dar y amor-sed, deseo de posesión o entrega. La expresión “amo la filatelia”, puede significar fetichismo hacia los sellos húngaros, que ansío contemplar bajo una lupa de 20 aumentos; o bien que me voy a presentar voluntario sin sueldo en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
Los amores puros, sean egoistas o altruistas, son rarezas de la naturaleza. Si te amo, lo normal es que me dé a ti y te tome, que participe de ambos, pero es igualmente justo añadir que el reparto de pesos que ambos sentidos tienen en cada línea que se traza entre dos personas es distinto.
Y, en este punto, recordé y bajé corriendo hacia la puerta entornada tras la que se esconde mi propio acertijo. Afortunadamente, llevaba llaves.

13 diciembre 2007

El Sol (2007), Nasa

Quizás sea posible determinar la fecha exacta del nacimiento de Cristo a través del atento estudio de las Escrituras, pero la experiencia histórica lo desaconseja. En el siglo III, tras varios años de bronca académica e infructuoso consenso, el papa Fabián recondujo los esfuerzos teológicos a cuestiones más fértiles y proclamó solemnemente que el intento de cálculo era sacrilegio. De aquellas cuentas sobrevive la hipótesis de la Iglesia armenia, asumida en Oriente, que fijó el natalicio el 6 de enero.
En Occidente la cuestión quedó en barbecho hasta el 325, año del feliz descubrimiento del `método Nicea´: encerrar a seres humanos que discrepan, vigilar puertas y ventanas y racionar progresivamente el tamaño de las porciones de pizza hasta que lleguen a un acuerdo. El método se basa en la hipótesis de que es más sencillo consensuar por agotamiento que por convencimiento, y debe ser cierto, pues se sigue aplicando con éxito en la actualidad. Para prueba, las cumbres europeas semestrales, donde el truco es retirar a los traductores a las nueve de la noche. A partir de ese punto, los próceres pueden hablarse los unos a los otros en cualquiera de los idiomas comunitarios, salvo el propio. Tiene un punto maquiavélico, pero es eficaz en cuestión de horas.
En Nicea, 325, como fleco de otros acuerdos de mayor calado, se decidió hacer coincidir el natalicio con el día más corto del año. Poco después, para evitar los engorrosos cálculos astronómicos, quedó fijada como fecha inmutable la noche del 24 al 25 de diciembre, día en que el Imperio Romano celebraba el Natalis Solis Invicti.
El `método Nicea´ es fabuloso en el logro de consensos, pero es necesario el trascurso del tiempo para evaluar la bondad de los acuerdos. La Navidad, en mi opinión, es uno de los ejemplos más felices. Poco importa el día en que nació realmente el Jesús histórico, pues supondría acentuar su naturaleza humana, contingente y limitada. La cristianización del solsticio nos recuerda el verdadero significado de lo que estamos a punto de celebrar, pues en la historia de las ideas del hombre acerca de lo invisible, la estrella y sus ciclos ha sido el símbolo pagano inmemorial del Dios único.
A través de este culto al Sol, a la masa real de gases en plena combustión a ocho minutos luz de nosotros, nos adentraos en el significado del mayor de los misterios: `Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. [...] Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz´.
Feliz Navidad, lector.

12 diciembre 2007

Mujer Embarazada (2006), Gunther von Hagens

La actualidad ha reabierto en España el complejo debate del aborto y no seré yo quien pretenda resolverlo en 400 caracteres. Sólo un par de apuntes para pedir al lector razonamiento conjunto:
Paso primero, resetee cualquier idea preconcebida, como la absurdez de que este es un debate entre conservadurismo y progresía, y piense en qué conceptos colisionan en los extremos: ¿qué protegen los que defienden el derecho absoluto a escoger de la madre? Su libertad individual; ¿qué protegen los que defienden la prohibición absoluta de que aborte? El derecho a la vida del nasciturus.
Paso segundo, pónganse libertad y derecho, en abstracto, sobre una balanza y escójase el que tiene un mayor peso específico. Si su respuesta no es el derecho a la vida, hágaselo mirar.
Paso tercero, determínese en qué momento comienza la vida humana. Ahí, si alguno de los presentes tiene una teoría irrefutable, considérese resuelto este debate para siempre. La cuestión es que no existe una teoría sin fisuras al respecto. En un extremo podríamos poner el Derecho Romano, que no consideraba persona al recién nacido hasta transcurridas 24 horas. Efecto práctico: el cabeza de familia era libre de decidir sobre su vida antes de que alcanzase la condición de ciudadano con derechos y deberes. Para herencias de esta ocurrencia legal, por cierto, léase el artículo 30 del Código Civil español.
En el otro extremo, por ejemplo, la doctrina del Vaticano I: todo óvulo fecundado es un ser humano. Procede recordar que, hasta entonces, primó una de las opiniones al respecto especialmente autorizada y difundida, a juzgar por su pervivencia de más de XXI siglos: Aristóteles sostenía que el feto se convierte en humano a los 40 días de su concepción si es masculino y a los 90 si es femenino. Santo Tomás siguió las tesis del griego, considerando que el alma entraba en el feto en esos plazos exactos. Esta ocurrencia, filosófica primero, teológica después, penetró el derecho canónico medieval, que dintinguía entre el corpus formatum, en condiciones de recibir un alma, y el corpus informatum, que aún no había alcanzado ese estado de gracia. Entre los avances hacia la igualdad de sexos, apuntar que en la Edad Media mantuvo los 40 días para el varones y rebajó a 80 el de la mujer.
Recuerdo que siendo adolescente, viendo aquellos documentales en blanco y negro en que uno entre miles de espermatozoides lograba abrirse paso a través de la pared del óvulo, yo mismo me planteaba la pregunta: ¿en qué instante preciso comienza la vida humana? ¿Es cuando la cabeza del espermatozoide penetra a través de la pared del óvulo, cerrando el paso a todos los demás? ¿Es cuando sus ARN se mezclan, conformando una cadena de ADN en la que está inscrito el nuevo ser?...
Quizás el error es pensar en términos de delimitación de fronteras en medio de un proceso de transformación contínua al que llevamos asistiendo desde hace 18.000 millones de años. De hecho, la ciencia no solo tiene dificultades para trazar líneas entre la vida humana y la vida sin adjetivos, sino entre la vida y la materia inerte. Las últimas teorías biológicas definen como viva la estructura molecular capaz de establecer un soporte material de transferencia energética homeostática. Este refinamiento pretende excluir a los virus, las células cancerígenas o cualquier otra forma de reproducción que no sea capaz de manifestar una forma estable retroalimentaria sostenible con el medio, y provoque el colapso termodinámico.
Y, digo yo, que si cruzamos esta definición con las opiniones de Al Gore sobre el cambio climático, no está en cuestión la condición humana del 90% de los homínidos del planeta, sino su condición de seres vivos.

11 diciembre 2007

Segunda equipación del Inter, (2007)

Una precisión previa: pese a ser primogénito, no soy heredero de la gran pasión por el fútbol que aqueja a mi línea paterna. De mis difuntos, abuelo y padre, poseo cierto amor por la letra pequeña, abigarrada y retorcida pero, por un motivo inexplicable, mi cuerpo no ha desarrollado su adicción a los 90 minutos. De las sobredosis a las que fue expuesto en fines de semana alternos, los hijos de separados habitamos ese universo paralelo, queda un leve efecto secundario: soy madridista sin entusiasmo.
Hago la precisión para dejar claro que no voy a hablar de fútbol. El 27 de noviembre, el Inter de Milán venció por 3-0 al Fenerbahce. No sé quién metió los goles, si el asunto clasifica o no, para qué ronda o, ni siquiera, en que copa o liga andaban bregando.

lo que sé que un abogado turco ha pedido a la FIFA y la UEFA la anulación de los tres puntos atribuídos al equipo italiano por “manifestar de forma explícita la superiodad racista de una religión”. El Inter vestía su segunda equipación, inspirada en el escudo de la ciudad lombarda y al abogado le recordó a “los días sangrientos del pasado” en que los templarios andaban de jubileo.
Estoy totalmente de acuerdo con el abogado. De hecho, los tres puntos son lo de menos: el Inter debe cambiar de segunda equipación, la ciudad de Milán de escudo y los turcos de bandera. Cuando veo su media luna me asaltan las pesadillas recordando los días sangrientos de Lepanto.

07 diciembre 2007

Piano (2007), Gretchen Wendling

Tus teclas inertes esperan mi verbo. Y cuando mis yemas estallan sobre tu ajedrezado te doy la vida momentánea, poblando de sonidos tu caja de resonancia.
¡Vibra, piano, vibra!
Te lo ordena el cincel que atraviesa la piedra; te lo ordena el alma empapada en la materia; te lo manda el gesto, el movimiento, la decisión, el vector de fuerza.
Siervo de mi dominio, yo soy el hálito de vida que esperas, el pensamiento de armonía que hace restallar tus cuerdas.
Y, sin embargo, siervo de mi dominio, no está claro quien posee a quién, pues cuando te toco, cuando te exprimo, sólo tú existes en toda la galaxia. Me recreo en mi creación, como el alfarero sobre el barro, como el amante en el sexo, aislado del mundo por la magia del instante, embelesado por el tejer de blancas, negras y corcheas en fraseos, cadenas y melodías espirales que me envuelven...
Piano fiel,
De las largas horas ante ti he aprendido que aunque te habiten todas las sonatas posibles, si a veces no suenas como yo deseo no es tu culpa. Siervo de mi dominio, es justo decir que sólo yo soy libre y responsable de mis actos.
Y, más importante, he aprendido que sólo existe el ahora y su fragancia, que los logros de la civilización etrusca, ocho años de matrimonio o el sabor de la sopa de tomate terminan por ser anécdota en un universo donde todo pasado es fugaz ante la erosión del tiempo; que al dejar de tocar, al apagarse el último eco de la última nota, la intensidad del momento presente transmuta en recuerdos cuya naturaleza es la de desdibujarse lentamente, degradándose hasta el olvido.

03 diciembre 2007

Juego de la Pelota (1791), Bailly

La supervivencia de los conceptos de izquierda y derecha demuestra que el darwinismo de las ideas es incapaz de tomar partido dos siglos después de que comenzase su juego de pelota. Hay dos modelos que, de forma cíclica, toman las riendas de los gobiernos del mundo.
El error a la hora de intentar trazar una frontera entre ambos conceptos, a la hora de destilar sus esencias, es hacerlo en el terreno común de la acción, donde socialdemócratas y democristianos disputarán bizantinamente en los siglos venideros la paternidad del Estado del bienestar. Cada vez estoy más convencido de que las auténticas diferencias entre izquierda y derecha se hayan en el terreno íntimo del sentimiento y las intuiciones de verdad.
Ser de derechas o de izquierdas es, ante todo, un sentimiento.
Sentirse de izquierdas es comprender el mundo en términos dialécticos, tomar conciencia de que existe una desigualdad entre los hombres que debe ser superada en etapas sucesivas. Para la izquierda, la historia es escalera, avance y conquista. Sentirse de derechas, sin embargo, es comprender el mundo en términos de tradición. Para la derecha, el viaje de la historia es, más bien, un retorno al pasado, real o mítico, a las esencias donde reside el deber ser de las cosas.
En ese sentido, sigo con muchísima atención la aventura de Unión Progreso y Democracia, cuyo manifiesto fundacional plantea la superación de estos dos conceptos. ¿Será posible que este nuevo partido no sea enmarcado en uno de los dos lados de la balanza? Veremos.