Mi hija Iria, nueve años, ha abierto su propio blog en el que ha comenzado a volcar sus disquisiciones acerca del mundo. Poder asomarme a su bulliciosa cabecita es un privilegio tan inesperado como impagable. Iria está pasando por uno de los momentos más importantes en la vida de todo ser humano, aquel en el que uno cuestiona todo el edificio de verdades heredadas para construir la propia identidad. Se trata de un instante precioso e irrepetible, de extrema libertad de pensamiento.Casi todos los adultos olvidamos que un día fuimos Iria, que un día comenzamos ese gran viaje iniciático, que es la vida. Sus textos están llenos de la frescura propia de quien rompe amarras con los prejuicios ajenos y aún no tiene ruta suficiente para haber inventado los propios. Luego llega la vida adulta en la que sólo el muy sabio se sabe eternamente ignorante. Lo habitual es regresar a puerto seguro cuando uno cree haber visto mundo suficiente para sacar conclusiones. En tierra, intramuros, el pensamiento muda rígido, esclerótico, cerrado, esteril... Es entonces cuando los otrora hijos alimentamos el ciclo eterno, trasladando a los hijos propios nuestro propio periplo.
Hace dos semanas Iria me confesó que había descubierto ya uno de los misterios más importantes de la vida, aquel acerca de la identidad secreta de Santa Claus y los Reyes Magos.
-No te enfades conmigo, Papá, pero ya sé que los padres...- susurró.
En este inicio del viaje, Iria cree que puede decepcionar a los adultos que la quieren, que son abundantes, cuando se aleja de lo que la han enseñado. Que eso no te importe nunca, hija, pues todo lo que te hemos dado no es más que un punto de partida. El futuro sólo a ti te pertenece.
Viene al caso contarte que, de los muchos libros que me regaló tu abuelo Paco, sólo me dedicó uno: el Libro de las Maravillas, de Marco Polo. Es el diario del primer europeo que se atrevió a viajar hasta la lejana China. Te confieso, hija, que el libro me aburre mucho. Aunque lo he empezado tres o cuatro veces, nunca he podido acompañar a Marco Polo más allá de Oriente Medio. Sin embargo, debo haber leido la dedicatoria varios centenares de veces. En ella tu abuelo me dijo lo mismo que yo te digo ahora: sé siempre valiente y no te importe elegir un camino que no sea el más transitado. Y, si al llegar a tu destino no es como lo habías imaginado, recuerda siempre que lo más hermoso es el viaje.

2 comentarios:
hola papa he leido tu articulo y me he reído mucho, y creo que tienes razón.
Iria, hazte, haznos un favor: no dejes nunca de soñar. Aunque ya sepas quien le hace el trabajo divertido a los Reyes Magos y a Santa.
Un abrazo a todos desde un rincón de Alcobendas.
Que lo mejor del año 2008 sea para vosotros lo peor del año que se aproxima.
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