El vecino me recuerda de cuando en cuando que este blog está lleno de pintura decimonónica. Es su forma de reprocharme mi falta de sensibilidad hacia el siglo XX. Es cierto que no tengo el paladar formado para el arte de mi tiempo, arte que dialoga consigo mismo sobre qué es realmente arte, arte onanista en frenética reinvención, tratando de sublimarse, de no repetirse.Un ejemplo. En Madrid acaba de abrir Resting Pieces RIP, una exposición que, se me antoja, explora ya las últimas frontera de esta deconstrucción del Arte: Javier Núñez cincela en 41 lápidas aquellas ideas que brotaron en su cabeza entre 2005 y 2009 pero, por falta de fondos o permisos, nunca fueron. Exponer la transformación en arte del arte que nunca ha sido... ¿Es posible irmás allá? Compramos noarte, compramos una lápida para garantizar su destrucción eterna, compramos con el mármol cincelado el compromiso del autor de no realizar jamás su idea.
La idea me parece brillante y seductora, pero mi alma provinciana se revela contra estas vanguardias, mi instinto me grita ¡impostura! En este caso, me resulta reveladora la existencia de otras dos opciones de compra más allá de la lápida, que permiten transformarnos en mecenas y devolver la vida a la pieza: lápida-financiación o lápida-financiación-pieza. Su inclusión por parte del artista muestra que es un ser humano, un artista más en busca de financiación para su obra. Y la idea pura y nueva torna en márketing brillante, pero márketing.

4 comentarios:
La idea más que brillante me parece original: dudo que antes se le ocurriese a nadie llevarla a la práctica. Pero la pregunta que me hago es ¿por qué nadie pensó en exponer lápidas de sus obras muertas antes de nacer? Quizá porque no es arte sino manifestación de un deseo no consumado
... y se me olvidó añadir que, ya puestos, deberías buscar un editor para sacar la novela que llevamos demandándote tanto tiempo. Le pones un título impactante y le entregas un "manuscrito" en blanco con la instrucción de poner en la contraportada: La novela que me demandan y que jamás escribí.
Un abrazo
Oscar,
Me gusta tu idea. El título sería el siguiente: "Cosas importantes que decirle al mundo ahora que soy un poco más sabio y un poco menos pedante". En la contraportada diría: "Substancia de la novela que me demandan, en forma de ensayo".
Recordando a un amigo de juventud, ferviente admirador de los rusos y convencido de "la virtud intrínseca de la clase obrera" y la inminencia de un "benevolente socialismo", el protagonista de uno de estos relatos reflexiona sobre el peso que aquellas ideas tuvieron para su generación, sobre todo durante ciertos años. "No estaría de más", piensa entonces, "declarar un día de fiesta nacional durante el cual la gente pudiera visitar sus difuntas convicciones". El relato es 'La destilería de trementina': el penúltimo de la serie, el más largo -76 páginas: una nouvelle- y uno de los más logrados. Pero la imagen de aquellas convicciones sepultadas en un cementerio tipo Arlington, la imagen de los deudos llegando con flores ante las lápidas y presentando sus respetos a lo que alguna vez creyeron tiene en Presencia el lugar de una declaración de intenciones, casi diríamos una poética. -de una reseña publicada en babelia, 14.3. jp
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