24 junio 2009

Esperando la Tormenta (2008), Genoveva Ríos

Una consultora empresarial me ha invitado a participar en una investigación sobre cómo se afronta el miedo. Está muy interesada en las historias personales acerca de la situación más difícil que hemos superado. Le he hecho llegar las siguientes líneas:

Pilar,
A lo largo de mi trayectoria profesional he vivido momentos muy complejos, como el cierre de Diario16. No obstante, si hay un momento en que sentí, literalmente, que el universo dejaba de ser sólido bajo mis pies fue cuando sobrevino mi separación, tras ocho años de matrimonio, hace ya casi seis. Fue totalmente inesperada. Me tocó asumir y decidir poco.
Tuve varios golpes de suerte. El torrente de emociones que sentía y era incapaz de explicarme me fue perfectamente descrito por un buen amigo, médico para más señas. En una de nuestras tardes perdidas en el delicioso y decadente Hispano-Cubano, a las que acudía por prescripción facultativa, me pintó en una servilleta de papel el esquema básico de la teoría de los arquetipos, que él atribuyó con decisisión a Jung. Aunque fui incapaz de encontrar ninguna referencia bibliográfica que corrobore tal apreciación, el esquema me sirvió.
Viene a decir que el Rey que somos, la parte racional que gobierna nuestros actos, convive con otros tres personajes más emocionales: el sacerdote, el trovador y el guerrero. En una separación, me explicaba él, los tres empiezan a hacer un ruido emocional tremendo: aparece el miedo del sacerdote ante la pérdida de sus certidumbres, pues debe saber responder desde preguntas como ¿existe Dios? hasta la de ¿dónde dormiré mañana?; aparece la tristeza del trovador, que llora siempre las pérdidas de lo que cree poseer, incluidas las personas; aparece, por último, la ira del guerrero ante la derrota en el campo de batalla de la vida.
No se trata de anular a estos tres tipos, sino de gestionarlos. El Rey no debe perder el mando, no debe dejarse arrastrar por la parálisis que provocan el miedo y la tristeza ni tampoco por la aceleración irreflexiva de los actos asociada a la ira.
Este mapa fue clave en la gestión y comprensión de la evolución de mis emociones. En mi caso, el miedo pasó pronto dejando paso a la agradable sensación de sentirse arropado por el entorno: me ofrecieron, las tengo contadas, 17 camas en las que pernoctar. Tristeza, apenas hubo. Siempre he pensado que tuve la fortuna de estar recién llegado del Camino de Santiago, que ayuda a trabajar mucho el desapego y la dejé marchar.
La ira fue lo más difícil de gestionar. Era muy profunda. Entonces, releyendo una vieja Regla de Caballería, encontré una frase sublime que decía: “Véngate de tus enemigos por tus buenas obras”. Había leído docenas de veces esas palabras sin hacerlas propias, pero las palabras nos permean no por lo que dicen, sino por lo que nos dicen. A través de ellas encontré el modo de gestionar toda esa ira, todo ese vapor, ese impulso motriz. Y mi venganza, en vez de alimentar un círculo vicioso, creo una espiral virtuosa.
Seis años después, me gusta decir que yo jamás hubiese tomado las decisiones iniciales que me han traído hasta este hoy en el que, sin embargo, me siento más feliz que en ningún otro momento pasado de mi vida. He aprendido que los hechos más dolorosos que nos ocurren implican siempre cambios, pero no son intrínsecamente malos. Hay que dejar que el tiempo trascurra para hacer balance. Tengo dos hijas maravillosas a las que adoro, pero también tiempo para ir al cine sin planificarlo con una babysitter. Además, hoy comparto mi vida fruto de una elección hecha casi a los cuarenta en vez de a los veintitantos. Me devolvieron la libertad de elegir en un momento en el que tengo mucho más claro qué le pido a la vida.
Es cierto que, objetivamente, he perdido algunas cosas. Otrora tenía una casa de tres habitaciones y dos baños a 25 kilómetros de Madrid con una hipoteca pendiente de 30.000 euros. Hoy, la distancia de esas tres habitaciones es el doble en kilómetros y el sextuple en euros. Sin embargo, el horizonte que contemplo me parece hermoso.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me devolvieron la libertad de elegir en un momento en el que tengo mucho más claro qué le pido a la vida. -es valioso eso, más si lo reconoces en su justa, alta, bella, loca medida. jp

Pirata Rob Erts dijo...

El miedo se asomó a mi vida un 26 de diciembre cuando me disponía a la ingrata tarea de planchar la ropa... pero las que se plancharon fueron mis emociones mientras mi corazón estallaba en mil sollozos.
Para vencerle recurrí a las únicas armas que conozco: el amor y la amistad. Como si de un reto se tratase, me propuse amar con mayor intensidad cada día, viviendo como si el mañana no existiese y el futuro existiera sólo en los ojos de Carlos y Sara. Abrí mi alma a viejos y nuevos amigos que me permitieron ver la luz a través de numerosas puertas abiertas.
Hoy, el miedo apenas se atreve a rondar mi ventana alguna noche en que el cansancio me impide dormir, pero entonces unos versos disipan los velos de la duda y me permiten dormir en paz.
Gracias por abrir una puerta a la felicidad con tu apoyo y la fuerza de tu escucha.
Un abrazo

PGR dijo...

Cuando te escuchaba me parecía increíble como lo particular se encuentra siempre en lo universal, y al contrario. Te deseo, siempre muy feliz. Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Leyéndoos a los dos no he podido evitar que me invadan la tristeza y la rabia por saber que dos personas importantes para mí han pasado por esos momentos de miedo y oscuridad sin que yo ni si quiera haya sido consciente de ello. Eso me indica el grado de separación al que hemos llegado y me deja muy intranquilo.

Miedo... joder, uno no es consciente de lo que engloba una palabra tan corta y tan cotidiana hasta que no lo vive en sus carnes.

Quisiera que al menos supiérais que en la distancia os quiero, os admiro, os anhelo en muchas ocasiones y, desde hace tiempo, os escucho por internet... y me encanta.

JJ

Pirata Rob Erts dijo...

JJ, el miedo se puede vencer si se desea hacerlo. No conoce la derrota total, pues tiende a retirarse a un lugar seguro y esperar el momento de volver al ataque. Pero tú también tienes armas con las que apartarle de tu camino e intentar alcanzar la luz de nuevo. Y si la luz se muestra esquiva, siempre podrás contar con nosotros para que te prestemos una bombilla y una manta para las largas noches de invierno. Un abrazo.
P.D. Mis zapatillas esperan un nuevo "paseo" a tu lado