26 agosto 2009

American Beauty BSO, Carátula

En su Primera Carta a los habitantes de Corinto, cuando el Cristianismo primitivo se debatía en busca de una identidad más allá del judaísmo, el hombre sabio escribió que “mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría”, el Dios cristiano es “fuerza y sabiduría de Dios”. A través de esta doble columna, que resolvió el debate sobre la incorporación de los no circuncidados, el apostol administraba el legado oriental, donde se percibía a Dios como potencia capaz de obrar lo sobrenatural para favorecer a sus elegidos, y asimilaba el paganismo helénico con su culto a la razón que permite percibir sombras de la verdad última.

Dejé de trepar por la primera columna a muy temprana edad y, a través de la segunda, tan sólo he rascado en la superficie de lo tangible. No habiendo experimentado milagro alguno ni habiendo sido capaz de urdir silogismo que pruebe lo intangible, mi intuición de su existencia viene exclusivamente de una tercera vía, común a los místicos de todas las tierras: la contemplación de la belleza.

La belleza, tan intangible como indudable, es el puente más sólido entre el mundo que vemos y el que no podemos medir ni pesar. La razón del griego llegó incluso a cristalizarla en la proporción aúrea de infinitos decimales, secreto último de los Pitagóricos. Esta columna es la más común a todos los hombres que desean elevarse, pero también la más íntima e incomunicable. Esa es la tragedia del místico. Sin embargo, si se pone la atención suficiente, se descubre que, además de San Juan de la Cruz, gente tan progre como Aute o Drexler tienen canciones hermosísimas que circunloquian ese éxtasis contemplativo. Yo lo ví también, hace tiempo ya, en las líneas no publicadas de un general de la Legión que describió la vida que no miras. Siempre he lamentado no haberme quedado una copia para releerla.

Esa contemplación absorta cercana a lo que algunos llaman iluminación aparece en los lugares más insospechados. Hoy la he encontrado en la frase final de American Beauty, en la que el protagonista, recién fallecido por un malentendido poco después de renacer a la vida tras una existencia gris, dice: “Cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la contemplara toda a la vez y mi cabeza se hinchara como un globo que está a punto de estallar, pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella. Y, entonces, fluye a través de mi como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida. No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro, pero no se preocupen: algún día lo tendrán”.

5 comentarios:

Pirata Rob Erts dijo...

Y sin embargo en la belleza percibo como en ningún otro concepto la maravillosa imperfección del ser humano, pues la belleza reside en la mirada del observador, en su sentido de la realidad...
... será mi ateismo confeso que me ciega sin remedio y no me permite ver la mano divina...
...será eso.

PGR dijo...

Cuando tengo que explicarle a mi hija de siete la existencia de lo invisible le digo: ¿existe el amor que te tengo?, pues dime de qué color es, donde se encuentra.
Sé, y no se lo cuento a ella, que el talón de ese argumento es lo tremendamente subjetivo que es esa percepción.
Sin embargo, lo maravilloso de la belleza, tal y como la desentrañaron los griegos, es que es una experiencia universal. No reside en el ojo del sujeto sino en las proporciones del objeto, ya sea observado o escuchado (pues la armonía, como también desentrañó el griego, es proporción entre sonidos).
El salto desde la experiencia subjetiva a la comprensión de que el modo en que crece una caracola está determinado por esa matemática secreta, cuyo descubrimiento debemos a la razón del hombre griego, es el primer paso para intuir, a través del puente fenomenológico, lo noumenológico.
Un placer que me sigas, en todo caso, piratilla. Prometo escribir un poco más.

El mismo piratilla dijo...

Curiosa tu insistencia en someter la belleza al yugo de la razón... y más poniendo como ejemplo al más irracional de los sentimientos: el amor.
Permíteme pensar que la belleza carece de un canon que la obligue a guardar proporciones para ser mejor, pues de ser así, ¿que fórmula matemática alcanza a definir la belleza de un beso, de una caricia?
Disculpa mi tozudez, pero este asno sigue pensando que la belleza está en la mirada del observador, confiando que entiendas el significado de mirada como algo más allá de los ojos y su conexión cerebral pues, me repito, la belleza es irracional y maravillosamente imperfecta.

PGR dijo...

¿Como no voy a permitirte insistir en el error de que la belleza no es proporción?, dijo el griego al bárbaro del norte.

Atlantis dijo...

no se si conoces la noticia y no se cual ha sido el resultado pero como puedes ver en este enlace el psoe de llanes quiere hacer memoria histórica un poco en serio y ha propuesto el nombre de tu bisabuelo por partida dobe para dar nombre a dos calles. Un saludo. JLN (hijo)
http://www.elcomerciodigital.com/gijon/20090416/oriente/psoe-propone-nombres-para-20090416.html