Pensé que eran como muñecas rusas.
Te pasas la vida entera jugando a eso, te mueres por saber cual será la última, la más diminuta, oculta dentro de todas las demás.
No la puedes coger directamente, tienes que evolucionar.
Hay que ir abriéndolas una tras otra, preguntándote cada vez, ¿será esta la última?..."
Del final de Les Poupeés Ruses, hermoso poema visual de Cedric Kaplich sobre las posibilidades del amor eterno.

1 comentarios:
cambias "muñecas" por "ruleta" y el juego del que hablas es -ay!- el mismo.
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