
Como cada primer jueves de febrero, Estados Unidos ha celebrado hoy su National Prayer Breakfast, en el que 3.500 de las personas más influyentes del país se han reunido para rezar. La frase que acabo de escribir, filtrada por nuestra tradición religiosa, tiene un determinado significado que convierte en chocante el hecho de que nuestro Presidente del Gobierno sea el invitado de honor de esta edición.
Creo que sólo aquellos españoles que hayan tenido el privilegio de vivir un tiempo razonable en la América más profunda y real pueden entender el sentido último de un acto como este. En aquel crisol, el Hacedor es un medicamento genérico, con independencia de la franquicia a la que uno esté abonado. La profunda libertad religiosa que impregna Estados Unidos no separa a sus gentes, sino que las une en torno a un profundo sentido espiritual de la existencia.
El viaje siempre aporta perspectiva y contraste. Yo confieso, ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que a pesar de ser hombre de templo católico cada domingo, envidio profundamente la relación de este pueblo con Dios. Uno de los recuerdos grabados en mi memoria tiene que ver con su juramento de fidelidad. Todos los días, los escolares dedican un minuto a recitar, con la mano en el corazón y la vista puesta en una pequeña bandera junto a la pizarra, una fórmula con 120 años de existencia: “I pledge allegiance to the flag of the United States of America, and to the republic for which it stands, one nation, under God, indivisible, with liberty and justice for all”. Las palabras “under God”, añadidas en los años 50 junto al “In God we trust” como segundo lema de la nación, son un marchamo de las creencias más profundas de esta sociedad.
Hoy, en medio de la jornada, he hecho un alto de diez minutos en la página de Moncloa, donde habitualmente acudo para digerir la Referencia del Consejo de Ministros de los viernes, para fisgar el discurso completo de nuestro Presidente. En un acto en el que resulta obligado citar la Biblia, ha leído un pasaje repleto de justicia social hacia el extranjero del capítulo 24 del Deuteronomio, el último de la Torá que recoge la Segunda Ley dada por Moisés al pueblo hebreo. Sin embargo, la frase que más ha retumbado en mi campana no ha sido la frase prestada del Libro Sagrado, sino su definición de España, que ha tomado de Carlos Fuentes:
“…una de las naciones más antiguas del orbe: España; una nación también diversa, forjada en la diversidad y renovada en su diversidad; una nación también americana, la más multicultural de las tierras de Europa, España celta e ibera, fenicia, griega, romana, judía, árabe y cristiana; sobre todo cristiana...”
Hermoso.
Y cierto.

3 comentarios:
Y sin embargo lo que más me ha admirado (y poco se ha reconcido en España,como de costumbre), ha sido la valentía de hacer un discurso marcadamente laico en un ambiente absolutamente religioso.
No confío en este Presidente, no voté (ni votaré) a este Presidente, pero no le niego el valor. Y como le salgan las cosas medianamente bien, en 2012 arrasa... tiempo al tiempo...
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