22 marzo 2010

Ford T (1914)


Siempre he envidiado a los taxistas y sus coches de 500.000 kilómetros. Me educaron en la creencia de que cambiar de coche es un dispendio, con independencia del dinero que se tenga, pero nunca he logrado pasar de los 180.000. Un ruido extraño, como un traqueteo procedente del lado derecho del motor, vino hace dos semanas a torcer mi tercer intento poco después de cambiar la correa de la distribución, alimentando mi frustración. De nuevo, la implacable barrera de los 100.000 kilómetros, como la de los 40 en el ser humano, terminaba abruptamente con el espejismo de juventud.
Al entrar al garaje asalto a Cesar, mi vecino, que está concentrado traqueteando en la maquinaria del reloj suizo de dos ruedas en el que se sube los fines de semana. Es mecánico y amante de las motos. Diagnostica la naturaleza del músico infiltrado en mi orquesta, una fuga de gasoil junto a los inyectores, y me da hora para el lunes. Llego al taller con el alba, una hora antes de que abran, y dejo las llaves en un buzón, coronado por un cartel maravilloso: "servicio 24 horas". Me marcho, sin resguardo alguno, sonriendo la ocurrencia y el contraste, hacia la jungla de Madrid en la que un cartel así sería insólito. Habito uno de esos paraísos a 50 kilómetros del hombre blanco, en los que todavía crece la confianza en el ser humano.
Ocho horas después, mi motor vuelve a ser una caja repleta de bossa nova y blues, de graves y armónicos. Y la esperanza de los 500.000 vuelve a habitarme. Y ese puente es suficiente para devolverme a la pradera de felicidad serena de los últimos años en la que cada pieza de la vida parece estar en su sitio.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

cuántos de tus textos acaban en la misma frase, como un segundo motor que funciona solo. cuánto me alegro. jp

Pirata Rob Erts dijo...

Ojalá la mecánica de tu coche fuera tan maravillosamente compleja y sin embargo tan fácil de poner a punto como la mecánica de tu vida, querido amigo. Pero, por bueno que sea tu vecino en su trabajo (no lo pongo en duda, pues confío en tu palabra), difícilmente logrará una puesta a punto como la que cada día obra en tí el amor que despierta Paula. Y que dure por siempre hasta que la vida venga a consumirnos...

Pirata Rob Erts dijo...

Ojalá la mecánica de tu coche fuera tan maravillosamente compleja y sin embargo tan fácil de poner a punto como la mecánica de tu vida, querido amigo. Pero, por bueno que sea tu vecino en su trabajo (no lo pongo en duda, pues confío en tu palabra), difícilmente logrará una puesta a punto como la que cada día obra en tí el amor que despierta Paula. Y que dure por siempre hasta que la vida venga a consumirnos...