
De la patria de la infancia han quedado en el oído Serrat y Simon y Garfunkel. No tuve el gusto de conocer a Labordeta en aquellas mañanas de vinilos. Creo que no era su ética, sino su estética lo que desagradaba a mi madre. Supongo que sus cantos a la libertad eran demasiado broncos, especialmente en comparación a los dos de Nueva York.
Llegue tarde a Labordeta. Lo intenté, pero confieso que no me gusta su música. Sí, sin embargo, la persona que traté, brevemente, al comienzo de su etapa como Diputado. Me pareció un tipo brusco, muy brusco, casi grosero y taciturno en unas Cortes Generales repletas de cortesanos de traje inglés y modales afrancesados. Era una de esas escasas personas que deambulan por la vida conservando la rebeldía propia de la juventud, que bien entendida consiste en no hacer muchas concesiones, en no pactar demasiado con el mundo.
No creo que Labordeta cambiase el mundo, pero el mundo tampoco le cambió a él.
Se marchó del Congreso con una frase brillante: aquí se quedan los guapos, nos vamos los buenos. Todos rieron, literalmente, la broma del bufón de la Corte sin comprender del todo que era el bufón quien se mofaba de ellos. No hablaba sólo de la bondad de sus modales montañeses, sino del contraste entre esa autenticidad y la fachada hueca de un Madrid al que jamás se adaptó.
Afortunadamente.
Labordeta ha muerto, y muerta la persona, nace el personaje. Dice el guión de la Historia que ahora toca repartirse el botín, como otrora se hacía con los huesos de los santos. Los pedazos de su herencia moral incorrupta serán disputados y desde todas las esquinas del orbe se elevarán cantos a su virtud.
Y todos dirán: era uno de los nuestros. Más quisiéramos.

2 comentarios:
No soy persona de himnos ni banderas, pero me he sumado a la iniciativa para que El canto de la libertad sea oficialmente el himno de Aragón. Ojalá que ese momento 'era uno de los nuestros' plagado de cinismo, ayude a que los aragoneses disfruten de un himno popular.
Mi querido Pavel, cierto es que uno no comparte todos los momentos con los suyos, a Labordeta yo lo descubri a partir del 82 que es cuando pude tener plato propio. Desde entonces tengo todos sus vinilos, y hoy incluso sus DVD's, me encantan sus letras y la fuerza de su voz. De una madre que te adora y se sorprende de lo mucho que todavia nos queda que contarnos. Un beso gordo.
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