
Quizás porque tenemos aún todo que decirnos, esta es una de esas tardes en que no nos decimos nada. El sol recorre su arco gastado, desde el mediodía hasta el ocaso sin apenas palabras. Nuestras soledades se rozan sin molestarse, dándose espacio para expandirse. Contemplo tu ceño fruncido mientras lee en busca perpetua de su paz de espíritu. Y pienso que acaso es posible amarte siempre así, en este monasterio nuestro, hermanarme contigo más allá de tu carne pútrida y frágil, mantener en movimiento lo que tenemos para que nunca se mueva. A tu lado sigo sintiendo, cinco años después de aquel primer encuentro, la posibilidad de la eternidad aquí y ahora.

2 comentarios:
Encuentro más paz en tus ojos que en todos los libros. Me gustan nuestros diálogos silenciosos de miradas profundas. También bailar improvisadamente y apretados cuando nos llama una música. Adoro vivir contigo.
al menos una cosa hice bien en la vida :) abrazos. jp
Publicar un comentario en la entrada