
En estos días tan duros de hospital me he acordado mucho de Fernando Alberca. Hace casi una década Leyla El Ouaamari murió en un pasillo de la Fundación Jiménez Díaz. Las primeras informaciones hablaban de un hecho fortuito pero Leyla era la compañera de vida de un periodista que la amaba profundamente.
El amor incondicional de Fernando, su duelo, le llevó a hacer lo único que sabe hacer un periodista: empeñó dos años de su vida profesional, sin paga y sin horarios, a explicar que la muerte de Leyla fue la consecuencia inevitable de una mala práctica del centro clínico en el que trabajaba.
Fernando sabía que peleaba contra un gigante: la Fundación Jiménez Díaz es el hospital de referencia de todos los periodistas de Madrid. Somos carne de sus quirófanos y nos une una relación de intimidad con sus profesionales. Yo mismo en la Fundación vi, por primera vez, la cara de mis dos hijas y el interior de mi único intestino grueso.
Pese a todo, la verdad de Fernando se abrió camino. Creo que la Fundación aún no se ha recuperado de la crisis de reputación que le causó aquel trágico suceso. La actitud de Fernando, su autoinmolación profesional transitoria, nos sobrecogió a todos sus antiguos compañeros de Diario 16.
Estuve en el entierro de Leyla. Como musulmana fue devuelta directamente a la tierra, envuelta en un lienzo y el lugar quedó señalado con sencillez, como prescriben sus usos y costumbres. El rostro de Fernando permaneció hierático durante toda la ceremonia, escondiendo la determinación de quien había decidido ya anteponerlo todo a contar una historia mediática.
Recuerdo que en aquel cementerio extraño y lunar a mis propias costumbres me pregunté si yo amaba tanto a mi mujer como Fernando. Afortunadamente, creo que nunca tendré que comprobarlo.

1 comentarios:
Es cierto que este fin de semana he estado al borde del abismo. Los dos últimos meses han sido especialmente duros para mí y desde el jueves el conflicto se tornó en profunda crisis. Si no fuese porque estabas para recoger los pedazos no sé lo que habría pasado, mejor no pensarlo. Pero toda crisis es cambio y nos hace más fuertes y sabios. Tardaré en reconstruirme pero te prometo que antes del verano volveré a montar en bici y saldré de nuevo al mundo. Paula.
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