Ando leyendo Héroes, de Paul Johnson. Sus historias me sugieren que, por algún motivo, el ser humano se empecina en destacar de sus iguales. Yo hace años que no quiero ser un héroe, persuadido de que la victoria más excelsa es siempre flor y no abeto. El reconocimiento de hoy, será olvido mañana. Nadie podrá perdurar a través de sus gestos, de forma eterna, en la mente de los hombres.
Cuentan que Aquiles tuvo que escoger entre vivir una vida plena como hombre común o morir en el telar de los héroes, donde se tejen las más bellas historias, para que su nombre fuese cantado por los poetas y recordado a lo largo de centenares de generaciones. Yo te digo, sin embargo, que su gloria fue en vano, que llegará el día en que ningún hombre recuerde sus gestas.
Los héroes lo son siempre en el reconocimiento del otro. Si deseas ser un héroe, que sea ante el hombre que cada día, por las mañanas, te mira fijamente desde el otro lado del espejo. Despójate de todas las medallas y oropeles con que haya sido halagado tu ego. Y, desde la seguridad de que hagas lo que hagas en esta vida serás olvidado, abraza el hecho de que sólo existe el hoy, el ahora, el aquí.Y desde la desnudez más absoluta de tu alma, sé y ama a los seres que tengas cerca como mejor sepas hacerlo.
Olvidate, Aquiles, de ganar el mundo y ganarás la vida.
